Adiós a Corriente Alterna

La UIP-Corriente Alterna nació dentro de la UNAM para formar periodistas de investigación. La fundé en 2020 y la dirigí cuatro años. Su problema: estar subordinada a un área de Comunicación Social. Acá la crónica de mi salida de este proyecto y cómo viró su mirada a… Islandia.

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Hace unos días, caminando por la calle me encontré a un colega con quien trabajé en la misma redacción hace 20 años, cuando fui reportero diarista. Me dio mucho gusto verlo y nos sentamos unos minutos a conversar. Tras los saludos de rigor me preguntó:

—¿Por qué desapareció Corriente Alterna?

—No ha desaparecido —respondí— afortunadamente continúa, y sigue formando reporteros. Yo ya no estoy ahí desde enero [de 2024], ahora está a cargo de otras y otros periodistas.

—¡Ah! Es que antes yo la consultaba seguido pero ya no lo hago, pensé que había desaparecido —replicó.

Nuestra conversación se desvió a otros temas, pero me quedé rumiando una respuesta a la impresión de mi colega: Corriente Alterna no desapareció pero sí cambió su perspectiva. Hoy está pensando en Islandia. 

Durante casi dos años, entre marzo de 2022 y enero de 2024, el equipo que hizo la UIP-Corriente Alterna estuvo bajo un acoso laboral sistemático de nuestra jefa directa, Dora Luz Haw, secretaria de Comunicación de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM. En ese tiempo no comprendí a qué se debía. Hoy sé dónde está la respuesta: en Islandia.

Sí, en ese pequeño país de Europa del Norte de poco más de 300 mil habitantes. 

Ahora que ha transcurrido un año desde mi salida, tengo la perspectiva para comprender el asunto y contar la historia. 

Primero un breve repaso cronológico: 

En enero de 2020 empezamos a trabajar en la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la UNAM. El proyecto consistía en formar periodistas en la práctica. La idea era generar un taller en donde se encontraran novatos y personas experimentadas, e hicieran periodismo juntos. Eran los años de la primera presidencia de Donald Trump, el auge de las fake news y las notas de clickbait. Jorge Volpi quería atraer a los estudiantes de la UNAM a que se convirtieran en periodistas de investigación y que tuvieran las herramientas para contar historias. Me invitó a encabezar esta Unidad y a formar un equipo de mentores para que trabajaran con los estudiantes.

En ese entonces Volpi era el titular de la Coordinación de Difusión Cultural. Pero Volpi desde entonces cometió un error: colocó a la UIP debajo de la Secretaría de Comunicación. Es decir: puso a un equipo de periodistas de investigación subordinados a un área de Comunicación Social. Mientras nosotros hacíamos periodismo, nuestra cabeza se encargaba de la propaganda y la imagen de la institución: nosotros pugnábamos por más y mejor información; ellos se encargaban de controlarla. 

Esa contradicción nos haría volar por los aires. 

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Taller de reclutamiento de la primera generación de la UIP-Corriente Alterna, antes de la pandemia, en el Museo Memorial del 68. Foto: Alberto Rea.

La UIP era un equipo relativamente pequeño, de unos 13 empleados. Cada año reclutábamos a 20 alumnos de la UNAM, les dábamos una beca mensual de dos mil pesos (luego subió a 2,200) y armábamos equipos de cinco estudiantes. Cada uno de esos equipos quedaba bajo la responsabilidad de un mentor. Este mentor era, al mismo tiempo, su jefe de información, su primer editor y la cabeza de su equipo. La agenda periodística la construíamos de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba: se les asignaban temas y propuestas a los equipos; pero también los jóvenes proponían historias, las discutimos y, por lo general, se trabajaban.

Deseábamos tener una redacción en donde nos encontráramos periodistas experimentados y novatos y respiráramos el mismo aire. Sin embargo, muy pronto, en marzo de 2020, sobrevino la pandemia de covid-19 y migramos al trabajo a distancia. El 15 de mayo lanzamos el portal Corriente Alterna y, pese a las restricciones, hicimos mucho periodismo. 

La emergencia sanitaria le pegó duro a los estudiantes: algunos se improvisaron como repartidores de Uber y Rappi; otros perdieron los cuartitos en los que vivían cerca de Ciudad Universitaria y debieron regresar con sus familias a municipios de la periferia. Algunos más sufrieron la pérdida de sus familiares más cercanos, como sus hermanos o padres. Y diversas compañeras vivieron violencia doméstica en sus casas. Los mentores y otros compañeros de la UIP, se convirtieron en un soporte emocional para los becarios durante la contingencia

Durante poco más de dos años el trabajo transcurrió con normalidad. Cubrimos intensamente la pandemia e hicimos mucho periodismo social. Retratamos la escasez de insumos sanitarios y el sacrificio del personal de salud. Contamos las historias de los sobrevivientes del desplome de la línea 12 del metro de la Ciudad de México. Escudriñamos la historia de Claudia Uruchurtu, víctima de desaparición forzada por un gobierno de Morena. Fuimos a Isla Mujeres a narrar la salida del barco zapatista que cruzó el Océano Atlántico y llegó a Europa. 

Un equipo acudió a la península de Yucatán a reportear la “turistificación” de un área verde; hicimos contenidos sobre cultura cannábica; contamos historias de poblaciones trans; retratamos a intelectuales indígenas; fuimos a la frontera de Chiapas y Tabasco a ver las condiciones de las trabajadoras del plátano. Contamos el movimiento de ciclistas de la Ciudad de México. Evidenciamos que la Guardia Nacional inflaba sus resultados en un 25 por ciento. Fuimos los primeros en advertir que las secuelas de Covid-19 serían un problema de salud pública, entre muchos otros temas. Rebasamos las metas de cumplimiento y también dotamos a la UIP de manuales y protocolos.

Fuimos reconocidos con el primer lugar del Premio Walter Reuter en la categoría de texto. Recibimos menciones y fuimos finalistas del Premio Roche y la Fundación Gabo. Un texto sobre una persona trans presa injustamente fue finalista en el premio Breach/Valdez y un pódcast sobre barras feministas de futbol obtuvo el tercer lugar en la Bienal Internacional de Radio. Una crónica sobre un barrio contaminado de Cuautitlán Izcalli fue finalista en los premios de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). 

En ese camino, además de Corriente Alterna, publicamos historias en El País, Proceso, The Washington Post, Gatopardo, además de que otros portales retomaron nuestros contenidos. 

Como cualquier colectividad humana, teníamos conflictos y contradicciones, cometimos errores —me hago cargo de ellos— pero amábamos nuestro trabajo y lo hacíamos con entrega y fervor.

Primer encuentro intergeneracional de la UIP. Mayo de 2023 en la Casa Universitaria del Libro. De espaldas, Daniela Rea, Nayeli Roldán y Diego Enrique Osorno. Foto de Eunice Adorno.

El equipo se reunía todos los lunes por la mañana para planear la semana. Dora Luz Haw, la directora de comunicación social de CulturaUNAM, impuso su presencia en esas juntas editoriales. Sus propuestas fueron frívolas, casi siempre circunscritas a promoción en redes sociales. Salvo excepciones, nunca nos abrió fuentes o nos procuró alianzas. Estaba ahí para vigilarnos.

Jorge Volpi dejó la Coordinación de Difusión Cultural en febrero de 2022 y se fue a vivir a España. Lo sustituyó Rosa Beltrán, novelista, académica y, durante años, directora de Literatura en CulturaUNAM. Desde ese puesto, por cierto, fundó e impulsó el anuario Crónica, en donde se recuperaron textos de periodistas como Leila Guerriero, Martín Caparrós y Marcela Turati, entre muchos más. Es decir, ella entendía el periodismo y lo había impulsado.

Unos meses después el ambiente se enrareció por completo. A mediados de año, de sopetón, en una reunión Dora Luz Haw nos prohibió al equipo editorial publicar en Corriente Alterna. Lo subrayo porque me parecía y me sigue pareciendo una lógica muy extraña. Argumentó que éramos una instancia de formación —con lo que estoy de acuerdo— y por lo tanto sólo los estudiantes, y no los mentores, podían publicar ahí. 

Decía que Corriente Alterna no existía para promovernos a los periodistas que trabajábamos ahí. Todavía hoy no me queda claro a qué se refería con “promovernos”. Los periodistas, de Corriente Alterna o de cualquier plataforma, generan contenidos periodísticos y se hacen cargo de éstos al anotar su firma. 

La instrucción contravenía además una idea básica de la UIP: el trabajo conjunto entre profesionales y aprendices, y la firma conjunta entre ambos. Resistimos cuanto pudimos a esa orden. Ahora me resulta evidente que la orden de Haw tenía como propósito desmoralizar al equipo e ir debilitando el periodismo profesional en Corriente Alterna.

A partir de entonces los hostigamientos fueron más soterrados. A la asistente del proyecto, por ejemplo, le ordenó —a mis espaldas— escribir un informe acerca de “lo que estaba mal” en la UIP. Para mí era todo muy desconcertante porque Haw era mi amiga de años atrás. Ella, sin embargo, nunca me dijo de frente que estaba descontenta conmigo, nunca me pidió la renuncia ni me dijo que quería un giro en los objetivos de la UIP. Simplemente envenenó poco a poco nuestra convivencia. 

A dos colegas mentores los presionó hasta que renunciaron. Esos colegas, por cierto, habían liderado investigaciones periodísticas potentes y críticas. Quiero decir, con vergüenza, que formé parte de la presión indebida a estos compañeros de trabajo. Me dejé envolver en la autoridad de Haw. 

Estudiante de la UIP lee una crónica ante la escritora Elena Poniatowska en la Fiesta del Libro y la Rosa 2022.

Luego me enteré de que buscó a otros colegas que habían renunciado a la UIP —por razones personales— para pedirles una carta donde contaran “porque habían renunciado por culpa de Emiliano”. Les mintió, además, diciéndoles que ese material no se usaría en mi contra. 

A mí una vez me citó en su oficina para decirme que había una denuncia de estudiantes contra mí. Dijo: la presentó un solo estudiante pero decía representar a 14 de sus compañeros. Haw se resistió mucho a decirme de qué iba la denuncia hasta que por fin lo reveló:

“Te tardas mucho en responder los mensajes de Whatsapp”. 

Ah, bueno.

Nunca recibí una notificación formal sobre dicha denuncia, si es que realmente existió.

Jorge Volpi, por cierto, cuando se había fundado la UIP, designó como asesor del proyecto a Ricardo Raphael, que entonces era director general del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), filial de CulturaUNAM. Haw, sin embargo, se afanó conmigo en descalificarlo como periodista. Decía que Raphael no escribía sus artículos —tenía gente que lo hacía por él— y que no hacía verdadero periodismo sino sólo publicaba filtraciones; además, que tenía “un desastre” en el CCUT. Esas mentiras acerca de uno de los mejores articulistas de México tenían como objetivo boicotear cualquier alianza con él.

Las alianzas que propuse fueron desechadas. Menciono sólo dos: 

la oficina de la UNESCO en México nos propuso colaborar en un proyecto conjunto para formar una red de periodistas locales, para la que ofrecía un financiamiento importante. Esa propuesta fue rechazada sin más. Lo mismo pasó con la Fundación Gabo de Periodismo, que nos propuso celebrar una jornada del Festival Gabo en la UNAM. La Fundación Gabo ofrecía además buscar los patrocinios necesarios. A esas alturas yo sabía que Dora Luz Haw me iba a rebotar cualquier propuesta, así que fui directo con Rosa Beltrán… que me mandó de regreso con Haw. 

Y la respuesta de Haw fue: ¡que los recintos de la UNAM cobraban rentas muy caras! Ya no me atreví a ir con la Fundación Gabo a decirles que, si querían traer a los mejores periodistas del ámbito iberoamericano a la UNAM tenían que pagar precios muy altos por el honor de estar en los auditorios universitarios. 

Era evidente que el problema no eran las alianzas que le proponía, sino que yo las proponía. Ante esta situación, le escribí una carta al Consejo Consultivo de la UIP, que integraban cinco periodistas externos y que presidía Rosa Beltrán. En esa carta, con fecha primero de diciembre de 2022, denunciaba que desde la Secretaría de Comunicación se nos imponían decisiones antiperiodísticas, y solicitaba que nos separaran de esa área. Tres colegas del equipo también elaboraron textos de denuncia del hostigamiento a la UIP.

Unos días después, el 9 de diciembre, Rosa Beltrán me recibió e hicimos los siguientes acuerdos: la Secretaría de Comunicación, me dijo, no tendría más injerencia editorial ni operativa en la UIP, y me solicitaba asumirme como “mentor de mentores”. En los siguientes días, sin embargo, Haw mantuvo la hostilidad. A mis colaboradores les dijo que yo “estaba inestable” y a un colega le dio la instrucción de “tomar las riendas de la UIP”. Escribí a Beltrán un par de correos donde denunciaba estas conductas.

El editor Guillermo Sánchez Cervantes da una charla sobre edición a estudiantes y mentores de la cuarta generación de la UIP.

Unos días después, sin embargo, Rosa Beltrán cambió de parecer. El 11 de enero de 2023 me llamó. Lo recuerdo bien porque era mi cumpleaños. “Ya no me mandes más correos”, me ordenó. Me dijo que la Secretaría de Comunicación y la UIP nos dedicábamos a lo mismo: “la Secretaría comunica y ustedes comunican”, por lo tanto, añadió, la UIP debía seguir debajo de la autoridad de la instancia de comunicación social. Francamente no creo que Rosa Beltrán confundiera periodismo con comunicación social. Creo que, simplemente, la grilla de Dora Luz Haw en mi contra había surtido efecto. 

Encabecé la UIP durante un año más aunque con escaso margen de acción. Los hostigamientos continuaron y a veces daban risa: como cuando yo hablaba en una reunión y la secretaria de Comunicación descalificaba mis palabras en mensajes privados de Whatsapp que enviaba a integrantes de mi equipo. El 14 de diciembre de 2023 Rosa Beltrán me dijo que mi etapa como coordinador de la UIP-Corriente Alterna concluiría un mes después, el 15 de enero de 2024. Ese día le llevé la carta de renuncia de mi colega Carlos Acuña, que denunciaba el hostigamiento.

Me enteré que, a la primera reunión después de mi salida, la secretaria de Comunicación asumió el control de los criterios editoriales. En esa junta se le dio una indicación al equipo: ya no se haría periodismo social en la magnitud que se hacía antes; los esfuerzos periodísticos se canalizarían, en su mayoría, a cubrir acciones de la UNAM. 

Al equipo periodístico de la UIP se le dijo que la UNAM tenía una población equivalente a la de Islandia, y que debía enfocar sus baterías a darle información a esa comunidad sobre la Universidad misma. La metáfora la han llevado demasiado lejos. Me cuentan que, cuando se discute una propuesta de contenido, la pregunta que le hacen a los nuevos mentores es: ¿y esto le interesa a Islandia? 

Y así Corriente Alterna se ha poblado de notas de utilidad (Cómo guardar tus alimentos en el refri en épocas de calor, por ejemplo) y muchos textos sobre proyectos, investigaciones e iniciativas que se gestan dentro de la Universidad.

Respeto profundamente a varios de los colegas que trabajan en la UIP hoy. Entre ellas y ellos hay muy brillantes periodistas, que ya no me tocó reclutar. Pero su periodismo no lo publican en Corriente Alterna sino en otras plataformas. Y celebro muchísimo que exista un espacio en donde, cada año, se anime a 20 jóvenes a hacer periodismo. Eso debe defenderse.

Para mí está claro: hubo una decisión política de que la UIP dejara de hacer el periodismo que hacíamos. Respeto mucho el trabajo que hacen los estudiantes de la UIP hoy y deseo que lo sigan haciendo, pero extraño también la mirada fresca de esa generación a temas e historias que sí estaban en nuestro radar: migraciones, desapariciones forzadas, gentrificación, zapatismo, movimientos estudiantiles de la UNAM (nosotros contamos desde adentro los paros feministas de 2020), y tantos temas de una agenda tan relevante como poco cubierta por los medios de comunicación dominantes. 

No me tomo personal el hostigamiento de mi superior jerárquico: sé que ese cambio de política editorial era inconfesable. Lamento, sí, que la manera de imponerlo haya sido empujándonos a la salida a todo el equipo fundador de la UIP-Corriente Alterna. Hubiera agradecido el gesto de decírmelo de frente. 

Me pregunto ahora si ese cambio era idea sólo de Dora Luz Haw, si fue de Rosa Beltrán o provenía de la rectoría. 

Cuento una anécdota: cuando todavía eran buenos tiempos —quiero decir, sin grillas tan gachas— una mañana me reuní con un funcionario de la rectoría. Me ofreció un café exprés y, mientras mirábamos Las Islas, me habló de la fragilidad de la UNAM, de cómo unos cuantos estudiantes podían cerrar planteles y hacer paros. Me dijo también que temían que el gobierno de López Obrador «metiera mano» a la Ley Orgánica de la Universidad. Luego añadió:

—Nos llegan llamadas de dependencias del gobierno. Enojados, molestos. Y preguntan: ¿Qué se tiene que andar metiendo la UNAM con nosotros?

Se refería a las solicitudes de información de transparencia y las peticiones de entrevistas que hacían los estudiantes y mentores de la UIP-Corriente Alterna. 

Ese tema se abordaba en reuniones de autoridades universitarias, añadió.

—Pero Volpi siempre los defendió —dijo.

Quizá, pienso ahora, en algún momento se cansaron de esas llamadas y ya no hubo quién nos defendiera.

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Equipo de CulturaUNAM con el rector Enrique Graue.

Un comentario sobre “Adiós a Corriente Alterna

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  1. Gracias por escribir este texto. Es importante para entender la manera en que funcionan las estructuras opresoras y porqué el periodismo de investigación es fundamental para un país que todavía se asume democrático.

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